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27 Nov Manejo de área verdes

Vivir cerca de un área verde urbana hace a la gente más feliz. Al menos en el Reino Unido y de acuerdo con un estudio publicado el pasado 23 de abril la revista Psychological Science. Las conclusiones se basan en datos de un estudio de salud de más de 10.000 personas tomados durante 18 años y muestran que existe una mayor sensación de bienestar y menos niveles de disconformidad entre personas que viven cercanas a un área verde urbana.

¿Cuál será la situación en Montevideo? Seguramente sea imposible replicar un estudio de esta magnitud en Uruguay debido a falta de datos, así que pasé a un método no científico y me lleve alguna sorpresa cuando consulté con amistades que viven cerca de algunas plazas montevideanas y las visité. Pongamos el ejemplo de la plaza o parque Biarritz.

El parque de Villa Biarritz es un espacio con potencial edénico. Sin embargo, es un perfecto ejemplo de convivencia inadecuada de cada vez menos actividades. Al atravesarla uno recibe reiterados pedidos de limosna en forma agresiva, tiene que soportar ruidos de todo tipo, debe cuidarse de no tropezar con los materiales utilizados para la permanente obra del club allí situado, con la basura existente o con algún infortunado sin techo. Si con todos estos disturbios de fondo logró llegar al otro extremo, revise sus pies, seguramente no ha podido concentrarse en todo lo anterior sin llevarse un suculento souvenir canino. Si es mujer y los piropos que comienzan con “te…” y terminan con “…mamita” no la seducen, agréguele un nivel extra de stress a la aventura. Ciertamente no es el espacio que recomendaría Dobrich para su práctica de excéntrico.

Es que en algunas plazas Montevideanas la densidad de soretes es prodigiosa. Diría que dicha densidad por metro cuadrado es inversamente proporcional a la cantidad de niños por m2. No tengo datos empíricos para demostrarlo, pero la lógica me indica que de salir a contar soretes y niños, la ciencia me daría la razón. La caca de perro y los juegos infantiles no son compatibles. Por el contrario, sí lo son el paseo de perros y los juegos infantiles. ¿Cuál es la diferencia? Respeto. Quien pasea un perro debe respetar a quien quiera hacer un uso posterior o simultaneo diferente. Este es solo un ejemplo de algo que también sucede con otras actividades.

Los usos que las distintas personas hacen de los espacios públicos pueden ser incompatibles (futbol y búsqueda de tranquilidad, paseo de perros y niños, etc). Pero el grado de compatibilidad aumenta en relación directa con el respeto por las otras actividades, por ejemplo, la bolsita hace que pueda compatibilizarse un poco más los paseos de perros y niños.

Que la incompatibilidad no sea patente no quiere decir que no exista. En muchos casos la misma no se manifiesta porque un tipo de usuario directamente ya ha desplazado a otro tipo, que de no existir el primero estaría haciendo uso de la plaza.

Los espacios públicos son un bien escaso y bajo presión, deben por lo tanto rendir cada vez más en distintas funciones. De acuerdo con la intendencia de Montevideo, “del modelo francés se retoma la ordenación y tratamiento geométrico, la ley de la razón y la ley de la belleza. Del modelo inglés, la recreación natural del paisaje. Del sistema mixto, la síntesis de las dos corrientes. Así como en el imaginario colectivo el Prado conserva su carácter de lugar de paseo y el Parque Rodó significa el espacio lúdico, el Parque Batlle y Ordóñez conforma un auténtico pulmón verde”.

Nada impide que esos tres espacios sean al mismo tiempo lugares de paseo, espacios lúdicos, y pulmones verdes, entre otras funciones paralelas que pueden cumplir. En la ciudad de Los Angeles, por ejemplo, cada espacio público debe cumplir al menos tres funciones básicas, recreativa, de manejo de caudales de agua y de conservación de la naturaleza. Cada parque pone más o menos énfasis en alguna de estas tres funciones, pero todas están presentes en cada uno, creándose parques “multipropósito”.

Cada plaza o parque, sin importar lo pequeña que sea, puede cumplir un rol en la conservación de la biodiversidad urbana. La plantación de un árbol puede ayudar en la absorción de gases con efecto invernadero. La selección de la especie de árbol o arbusto puede resultar en un refugio para aves, mariposas o insectos nativos. El uso de suelos permeables puede reducir la presión sobre las bocas de tormenta. Una plaza pensada y diseñada como espacio de reunión puede cumplir una o varias funciones, alcanza con hacer una selección de especies y suelo para que cumpla varias.

Cada plaza o parque de Montevideo tiene un enorme potencial para acomodar distintos usos con un bajísimo costo de infraestructura y mantenimiento. El cambio es cultural, no económico. Pongamos el ejemplo de la selección de especies. ¿Cómo se justifica el uso de especies exóticas en los parques teniendo la gran variedad de hermosos árboles nativos que tenemos en Uruguay y sabiendo que los mismos pueden ser refugio para nuestra biodiversidad y además son más resistentes a las tormentas? Solo se explica por razones culturales, de inercia o de resistencia al cambio.

Logramos que Montevideo sea civilizada y moderna en cuanto al uso de los pasos cebra, creo que deberíamos intentar ser civilizados y modernos en el uso de nuestros espacios públicos. Los inspectores de tránsito pudieron domar a los automovilistas y lo hicieron en base a presencia y multa, presencia y multa, presencia y multa, ¿por qué no pueden los inspectores municipales y la fuerza pública domar a los usuarios de las plazas? Esta política de control puede combinarse con involucramiento de empresas locales que puedan publicitar su participación a cambio de apoyar en el mantenimiento del espacio (entre muchas otras posibilidades). En Montevideo ya existe la figura del cuidaparques, quienes dentro de una planificación de cada espacio pueden ayudar a regular el uso. Claro está que no se puede contar con un cuidaparque para cada espacio público de la ciudad. La clave, además de estar en el control, también está en el respeto.

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